Revolución en Islandia

15/02/2012 .- La revuelta islandesa no ha causado otras víctimas que los políticos y los hombres de finanzas. No ha vertido una gota de sangre. No ha sido tan llamativa como La Primavera Árabe Ni siquiera ha tenido presencia en los medios, pués estos han pasado por encima de puntillas.

Sin embargo, ha conseguido sus objetivos de forma limpia y ejemplar. Hoy por hoy, su caso bien puede ser el camino ilustrativo de los indignados españoles, de los movimientos de Occupy Wall Street y de quienes exigen justicia social y justicia económica en todo el mundo.

Islandia consiguió acabar con un gobierno corrupto y parásito. Encerró a los responsables de la crisis financiera en la cárcel. Empezó a redactar una nueva Constitución hecha por ellos y para ellos. Y hoy, gracias a la movilización, será el país más próspero de un occidente sometido a una tenaz crisis de la deuda.

Esa es la ciudadanía islandesa, cuya revuelta en 2008 fue silenciada en Europa por temor a que muchos tomaran nota.
Pero lo lograron gracias a la fuerza de toda una nación. Lo que empezó siendo crisis se convirtió en oportunidad. Una oportunidad que los movimientos altermundistas han observado con atención y lo han puesto como modelo realista a seguir.
Desde En Positivo, consideramos que la historia de Islandia es una de las mejores noticias de los tiempos que corren. Sobre todo después de saber que según las previsiones de la Comisión Europea, este país del norte atlántico cerrará el 2011 con un crecimiento del 2,1%, y que en 2012 este crecimiento será del 1,5%, una cifra que triplica la de los
países de la zona euro. La tendencia al crecimiento aumentará incluso en 2013, cuando está previsto que alcance el 2,7%.
Los analistas aseveran que la economía islandesa sigue mostrando síntomas de desequilibrio, y que la incertidumbre sigue presente en los mercados. Sin embargo, ha vuelto a generar empleo y la deuda pública ha ido disminuyendo de forma palpable.

Este pequeño país del periférico ártico rechazó rescatar a los bancos. Los dejó caer y aplicó la justicia sobre quienes habían provocado ciertos descalabros y desmanes financieros.
Los matices de la historia islandesa de los últimos años son múltiples. A pesar de trascender parte de los resultados que todo el movimiento social ha conseguido, poco se ha hablado del esfuerzo que este pueblo ha realizado. Del límite que alcanzaron con la crisis y de las múltiples batallas que todavía están por resolver.

Sin embargo, lo que es digno de mención es la historia que habla de un pueblo capaz de comenzar a escribir su propio futuro, sin quedar a merced de lo que se decida en despachos alejados de la realidad ciudadana.
Fuente: Colarebo

Islandia, el camino que no tomamos
Y ahora veamos que nos  dice Paul Krugman, Premio Nobel de Economia 2008-2010 yprofesor de Economia en Princeton University
Al revés que el resto, Islandia dejó arruinarse a los bancos y amplió su red de seguridad social.

Pero merece la pena retroceder para contemplar el panorama general, concretamente el lamentable fracaso de una doctrina económica, una doctrina que ha infligido un daño enorme tanto a Europa como a Estados Unidos.

La doctrina en cuestión se resume en la afirmación de que, en el periodo posterior a una crisis financiera, los bancos tienen que ser rescatados, pero los ciudadanos en general deben pagar el precio. De modo que una crisis provocada por la liberalización se convierte en un motivo para desplazarse aún más hacia la derecha; una época de paro masivo, en vez de reanimar los esfuerzos públicos por crear empleo, se convierte en una época de austeridad, en la cual el gasto gubernamental y los programas sociales se recortan drásticamente.

Nos vendieron esta doctrina afirmando que no había ninguna alternativa -que tanto los rescates como los recortes del gasto eran necesarios para satisfacer a los mercados financieros- y también afirmando que la austeridad fiscal en realidad crearía empleo. La idea era que los recortes del gasto harían aumentar la confianza de los consumidores y las empresas. Y, supuestamente, esta confianza estimularía el gasto privado y compensaría de sobra los efectos
depresores de los recortes gubernamentales.

Algunos economistas no estaban convencidos. Un escéptico afirmaba cáusticamente que las declaraciones sobre los efectos expansivos de la austeridad eran como creer en el “hada de la confianza”. Bueno, vale, era yo.
Pero, no obstante, la doctrina ha sido extremadamente influyente. La austeridad expansiva, en concreto, ha sido defendida tanto por los republicanos del Congreso como por el Banco Central Europeo , que el año pasado instaba a todos los Gobiernos europeos -no solo a los que tenían dificultades fiscales- a emprender la “consolidación fiscal”.

Y cuando David Cameron se convirtió en primer ministro de Reino Unido el año pasado, se embarcó inmediatamente en un programa de recortes del gasto, en la creencia de que esto realmente impulsaría la economía (una decisión que muchos expertos estadounidenses acogieron con elogios aduladores).

Ahora, sin embargo, se están viendo las consecuencias, y la imagen no es agradable. Grecia se ha visto empujada por sus medidas de austeridad a una depresión cada vez más profunda; y esa depresión, no la falta de esfuerzo por parte del Gobierno griego, ha sido el motivo de que en un informe secreto enviado a los dirigentes europeos se
llegase la semana pasada a la conclusión de que el programa puesto en práctica allí es inviable. La economía británica se ha estancado por el impacto de la austeridad, y la confianza tanto de las empresas como de los consumidores se ha hundido en vez de dispararse.

Puede que lo más revelador sea la que ahora se considera una historia de éxito. Hace unos meses, diversos expertos empezaron a ensalzar los logros de Letonia, que después de una terrible recesión se las arregló, a pesar de todo, para reducir su déficit presupuestario y convencer a los mercados de que era fiscalmente solvente. Aquello fue, en efecto, impresionante, pero para conseguirlo se pagó el precio de un 16% de paro y una economía que, aunque finalmente está creciendo, sigue siendo un 18% más pequeña de lo que era antes de la crisis.

Por eso, rescatar a los bancos mientras se castiga a los trabajadores no es, en realidad, una receta para la prosperidad. ¿Pero había alguna alternativa? Bueno, por eso es por lo que estoy en Islandia, asistiendo a una conferencia sobre el país que hizo algo diferente.
Si han estado leyendo las crónicas sobre la crisis financiera, o viendo adaptaciones cinematográficas como la excelente Inside Job, sabrán que Islandia era supuestamente el ejemplo perfecto de desastre económico: sus banqueros fuera de control cargaron al país con unas deudas enormes y al parecer dejaron a la nación en una situación desesperada.

Pero en el camino hacia el Armagedón económico pasó una cosa curiosa: la propia desesperación de Islandia hizo imposible un comportamiento convencional, lo que dio al país libertad para romper las normas.
Mientras todos los demás rescataban a los banqueros y obligaban a los ciudadanos a pagar el precio, Islandia dejó que los bancos se arruinasen y, de hecho, amplió su red de seguridad social. Mientras que todos los demás estaban obsesionados con tratar de aplacar a los inversores internacionales, Islandia impuso unos controles temporales
a los movimientos de capital para darse a sí misma cierto margen de maniobra.

¿Y cómo le está yendo? Islandia no ha evitado un daño económico grave ni un descenso considerable del nivel de vida. Pero ha conseguido poner coto tanto al aumento del paro como al sufrimiento de los más vulnerables; la red
de seguridad social ha permanecido intacta, al igual que la decencia más elemental de su sociedad. “Las cosas podrían haber ido mucho peor” puede que no sea el más estimulante de los eslóganes, pero dado que todo el mundo esperaba un completo desastre, representa un triunfo político.

Y nos enseña una lección al resto de nosotros: el sufrimiento al que se enfrentan tantos de nuestros ciudadanos es innecesario. Si esta es una época de increíble dolor y de una sociedad mucho más dura, ha sido por elección. No tenía, ni tiene, por qué ser de esta manera.
New York Times Service. Traducción de News Clips.

De lo que pasó en Islandia no se habla… ¿Por qué?
-Hola. Aquí estoy nuevamente. Soy el famoso detective Sherlock Holmes.
-Y yo soy Watson, infaltable ayudante de Sherlock.
SHERLOCK Watson, hoy tenemos que descubrir un secreto. Un secreto tan secreteado que los periódicos de Europa no han querido decir una palabra sobre Islandia… Su presidente se llama Ólafur Ragnar Grímsson.
– Disculpa mi ignorancia geográfica, Sherlock, pero… Islandia… ¿dónde queda?
SHERLOCK Islandia es una isla pequeña y fría, al norte de Europa. En Islandia pasó algo tremendo pero no se habla de ello. Escucha, Watson. Islandia, a pesar del frío, era uno de los mejores países del mundo para vivir. Un estado de bienestar, educación y salud aseguradas. Eran felices los pobladores de Islandia, hasta que llegó Milton Friedman, el economista loco de la Escuela de Chicago.
WATSON ¿Y qué hizo en Islandia ese tal Milton?
SHERLOCK Entusiasmó al gobierno islandés con sus recetas neoliberales. Privaticen todo, eso dijo. La mano invisible del mercado lo resuelve todo, eso prometió. Islandia se convirtió así en el mejor experimento del neoliberalismo.
– ¿Y les fue bien o les fue mal?
SHERLOCK Les fue pésimo. En el 2008, el país se declaró en bancarrota. Con las recetas neoliberales, los banqueros islandeses comenzaron a especular, a hacer préstamos hipotecarios, a invertir fuera del país, especialmente en Inglaterra y Holanda.
– Ya me imagino… Se formó la burbuja inmobiliaria hasta que la burbuja estalló.
-Exacto, Watson. Miles de viviendas fueron embargadas y decenas de miles de familias se arruinaron. Cómo sería la cosa que el colapso de los bancos de Islandia está considerado la mayor catástrofe económica sufrida nunca por un país.
– ¿Y qué pasó, entonces?
SHERLOCK Lo que pasa siempre. Los banqueros hunden al país… y luego quieren que el Estado los salve.
WATSON Claro, eso han hecho los gobiernos de Grecia, de España, de Estados Unidos…
SHERLOCK Y eso hizo quiso hacer también el gobierno de Islandia. El gobierno ordenó que el pueblo pagara la deuda que esos bancos tenían con Inglaterra y Holanda. Había que pagar 3.500 millones de euros. A cada ciudadano de Islandia le tocaba pagar 60 mil euros.
WATSON ¿Pero por qué, si no era deuda pública sino privada?
SHERLOCK Porque el truco neoliberal consiste en privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. Los banqueros invierten, arriesgan… si sale bien, ganancia para ellos. Si sale mal la jugada, se lavan las manos y que pague el Estado.
WATSON ¿Y el pueblo de Islandia aceptó esa sinvergüenzada?
SHERLOCK No, el pueblo se tiró a las calles, sonó cacerolas, protestaron y echaron abajo al gobierno de derecha. Y exigieron nuevas elecciones.
WATSON Gente valiente la de Islandia…
SHERLOCK El nuevo gobierno elegido hizo un referéndum. Le preguntó al pueblo si querían pagar la deuda de los bancos privados.
WATSON ¿Y qué dijo la gente?
SHERLOCK 9 de cada 10 islandeses dijeron que de eso nada, monada. ¿Por qué tenían que cargar con una deuda que no era de ellos? Ahí se armó el lío. Los países de Europa dijeron horrores. Que Islandia tenía que pagar porque tenía que pagar. Que si no pagaban se hundían. Que el FMI los iba ahorcar.
Y ahí viene el secreto, Watson. Islandia se atrevió a decir NO. El gobierno puso los intereses públicos por encima de los intereses privados. Metió en la cárcel a los banqueros responsables del desastre. Algunos lograron huir y están con orden de captura por la Interpol.
SHERLOCK Hoy, Islandia está tranquila y próspera. Va a triplicar su crecimiento en este 2012. ¿El secreto? Islandia se negó a salvar a los bancos con el dinero de los contribuyentes. El gobierno defendió a su pueblo y no a un puñado de banqueros corruptos. Una revolución de la que no se habla porque…
WATSON … porque no quieren que el buen ejemplo se contagie.
– Elemental, mi querido Watson.
BIBLIOGRAFÍA
á-su-
Islandia-el-exito-de-dejar-caer-a-la-banca-y-no-salvarla-con-dinero-del-contribuyente.html