Indignados de Miami tienen un ángel guardián colombiano

The Associated Press
Por Roberto Pazos
“Qué pena que estén haciendo estas cosas”, indicó, en alusión a la represión de las movilizaciones y acampadas de “Ocupemos Miami”. “Acá estamos aprendiendo cómo estar en paz, a retener a esa gente para que no nos hagan daño… La paz es muy peligrosa para los amos de la guerra”, proclama en tono enigmático.
Al preguntársele cuál es su mayor preocupación, responde con otra pregunta: “¿Qué me preocupa? Nada, porque la batalla ya está ganada. Nosotros estamos caminando lo que tenemos que caminar, la batalla la ganaron los que no pelearon, los que están en paz”.El “señor Paz” dice que no es un militante de la causa de “Ocupemos Miami” y menos un líder, sino un facilitador, cuyo desapego por lo material ha permitido que su costoso edificio sea el refugio de los indignados y que ha dejado que la gente se organice como pueda, siguiendo las órdenes de otros.
Juanita Peláez, la joven pareja del “señor Paz”, no cree que los indignados que ocupan el edificio de su esposo tengan futuro: “Es mi esposo y yo lo apoyo, no estoy de acuerdo con todo, creo que no es la forma (la ciudad de paz), para mí el cambio es de cada persona…pero yo lo apoyare independientemente de que esto acabe bien o mal”, expresa, mientras carga a su bebé.
En cuanto a los ingresos de la familia, aparte del edificio Peláez dijo que tienen “otras rentas”, pero se negó a entrar en detalles.
“La ciudad de paz” de Overtown tiene al costado un terreno baldío que según los indignados será un huerto para abastecer de comestibles a sus ocupantes.
Casi todos los apartamentos del edificio están abandonados -“ocupados pero no reparados”, dicen los indignados-, con agujeros en los techos, algunos sin luz o agua potable y con baños fuera de servicio.
En el segundo piso está la cocina comunal, en donde Alfredo Díaz, un puertorriqueño de 58 años, prepara la comida para los “huéspedes”. Está friendo chicharrón que servirá con arroz y puré. Todos los alimentos son donados por las tiendas de la zona. Alfredo dice que su lucha personal empezó desde las protestas en la isla de Vieques, donde nació. “Yo estuve al frente de la gente que marchó para desalojar a las tropas militares de Estados Unidos. Ellos ocuparon la isla para convertirla en una base naval”, cuenta el chef mientras cuece el cerdo en una improvisada cocina sin ventilación.
En el tercer piso se encuentran los únicos 3 baños en donde los ocupantes se turnan para asearse. En un apartamento sin puerta se observa una tienda de campaña instalada como si se tratara de un nostálgico recuerdo de los días en el parque.
En el edificio hay gente de todos lados, incluido un mexicano que se identificó únicamente como “Güero” (rubio), quien vino desde la acampada en Coyoacán, en la capital mexicana. “Güero”, un fotógrafo que como muchos indignados no quiere dar su nombre real, acampó por cuatro meses allí y lleva dos en Miami: “Creo que lo que más he aprendido es a convivir con el grupo”, manifestó. Dijo que espera quedarse en el edificio cuatro meses más, el tiempo máximo permitido por su visa de turista.
“Spartakus”, que viste como Bob Marley, canta música de protesta al son de rap. “Estamos viviendo en el nuevo Egipto, donde el faraón te esclaviza con un nuevo conflicto… Las corporaciones dan instrucciones y te dejan extinto, otra cabeza del dragón guiado por Benedicto”, entona el joven rapero.
“Spartakus”, como muchos otros voluntarios, no vive en “la ciudad de la paz”. Solo pasa por el lugar el fin de semana para apoyar al movimiento. Estudia en la universidad y planea grabar un disco.
Un fin de semana reciente, Erick, un combativo neoyorquino de raza negra, convocó a los indignados a una marcha frente al consulado mexicano en solidaridad con los miembros de “Ocupemos México”, que habían sido arrestados frente a la embajada norteamericana de Ciudad de México.
Un fuerte aguacero frustró la protesta en el exclusivo barrio de Brickell, donde se encuentra la sede consular. Los carteles, mojados por la lluvia, apenas si se podían leer. La movilización se tornó anárquica, improvisada, y duró menos de 15 minutos.
El “Enfermero”, quien en el pasado fue bombero, increpó a sus compañeros por su falta de organización y seriedad a la hora de planificar una demostración: “Me llaman 15 minutos antes o cuando la protesta está ocurriendo”, se queja.
Recuperada la calma, todos volvieron a su refugio, el edificio del “señor Paz”.
Fuente: El Nuevo Herald

En esta foto del 4 de julio de 2012, el filántropo colombiano Rodrigo Duque, conocido como el señor Paz, se encuentra frente a su edificio de apartamentos valuado en 1,6 millones de dólares. Duque ha ofrecido el inmueble, sin cobrar renta, a los miembros del movimiento Ocupemos Miami

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