Estados Unidos está dividido…

Esta es una premisa que nadie puede negar.

El pueblo de Estados Unidos ¿culpable o inocente?

Por Roberto de la Madrid.

Millones apoyan al presidente estadounidense, Donald Trump, pero millones más, por lo menos los que no votaron por él, lo detestan. La sociedad está dividida, encontrada, confrontada, por las ideas y por las acciones.

Basta ver estas semanas las manifestaciones en las calles encienden los ánimos. Miles gritan contra Trump, pero otro tanto similar, a favor de Trump. Los encontronazos se han saldado con descalabras, patadas y empujones, enfrentamientos en diferentes ciudades que han terminado en arrestos y destrozos. Estados Unidos, está dividido. Está quizá, distraído. Distraído del problema esencial.

La mayoría se enfoca en la discusión si Trump es el bueno o el malo. Unos dicen que ha venido a salvar la Unión Americana y destacan sus puntos buenos: eliminar la corrupción de la política, reactivar la economía, acercarse a Rusia, no a las intervenciones militares como Irak o Afganistán, estar en contra del sistema hipócrita de Barack Obama (expresidente de EE.UU.), estar en contra del ‘Establishment’, decirle no a la corrupción, generar empleos, reducir los impuestos.

Además, los que lo apoyan, quieren un país seguro, fuerte, firme, que por eso lo votaron, para que les regresara su orgullo de imperio dominante. Los que están en contra, pues remarcan lo que usted ya sabe: racista, xenófobo, misógino, clasista, ‘ojiclaro’, prepotente, mentiroso, manipulador, egocéntrico, megalómano, y muchas cosas más como lo indefendible, el rechazo a los latinos, musulmanes y migrantes.

Estados Unidos, está dividido. Pero ¿sabe usted? no por Trump. No es mi intención defenderlo, pero hay que decir que Trump encuentra así al país. Encuentra a un Estados Unidos que por ejemplo, para darnos una idea de la gran división (según un estudio profundo norteamericano de Pew Research Center), en el año 2000, el racismo entre su pueblo era mucho menor a cómo lo dejó el presidente Barack Obama.

Para el 2015, la hermandad y la tolerancia en cuanto al racismo, cayó al fondo, acentuándose el racismo a niveles deplorables. O aún más, la división en el pueblo en cuanto al rumbo o destino de sus gobernantes ilustra una caída en picada desde los años dorados del imperio hasta ahora.

Empezando desde el presidente Dwight D. Eisenhower, hasta Barack Obama podemos contemplar como los estadounidenses comenzaron a dividirse cada vez más. En 1960, más del 50 por ciento de los contrarios al presidente, lo apoyaban. Es decir millones de demócratas apoyaban al presidente republicano.

Ronald Reagan o Bill Clinton en los 80 y cerca del año 2000, aún conocían qué era el apoyo de sus contrarios de partido. Reagan llegó a tener casi el 40 por ciento de apoyo de los demócratas, y Clinton el 30 por ciento de los republicanos.

Pero todo cambió con Obama, quien llegó a tan sólo un 14 por ciento de apoyo por parte de sus rivales. Lo que muestra que la división en la sociedad se acentuó como nunca. Más aun, en el 2016, el pueblo estadounidense manifiesta una terrible decepción de su propio país.

Mientras el 75 por ciento del pueblo de China cree que su nación juega un papel de liderazgo en el mundo, el pueblo de Estados Unidos casi no lo cree, solo 21 por ciento piensa que EE.UU. es importante a nivel mundial. El 46 por ciento de los estadounidenses piensa que cada vez es menos importante para el mundo.

Estados Unidos, está dividido. Y no es culpa de Donald Trump. Así lo encontró. Que esto lo utilice con oportunismo, es otra cosa, y lo que vaya a hacer, mucho más otra cosa, pero que sea su culpa, las cifras lo indican: no lo es. ¿Por qué se dividió la sociedad estadounidense?

¿Alguien quiso dividirla? ¿Fenómeno socialmente natural del propio ser humano o error o producto de los gobernantes despiadados que solo buscan poder y dinero? ¿Cómo afecta esto al mundo? ¿Cómo afecta a los que viven dentro? ¿Estados Unidos está cerca de su fin?

Fuente:

HISPANTV

 

(foto –dibujo –leyenda)

La post generación estadounidense de la II Guerra Mundial tuvo que trabajar junta por necesidad. Por ello, no debería sorprendernos que, cuando esa generación dejó la escena -reemplazada por los Baby Boomers en los 60- el país comenzó a dividirse. Esta fragmentación trajo más intolerancia. Hoy, los Millennials son más propensos que las generaciones pasadas a favorecer una intolerancia política en la forma de establecer restricciones a lo que se puede decir.

 

Estados Unidos no caerá en una nueva guerra civil, pero nuestro presente trae riesgos. Los Millennials tomarán el control del país sin mucha memoria sobre cómo es tener un Congreso funcional, un discurso público tolerante o círculos sociales que trasciendan nuestras subculturas.

La buena noticia es que contrarrestar la polarización no es una causa perdida si los estadounidenses son lo suficientemente prudentes como para comenzar a reconocer qué cosas ti