Cómo las masacres enriquecen la industria de las armas

Por Magda Coss *

Menos de 12 minutos. Eso fue suficiente para que una sola persona pudiera quitarles la vida a 58 ciudadanos y dejar más de 500 heridos de bala. Fue el tiroteo más mortífero de la historia de Estados Unidos y ocurrió en Las Vegas, en el festival Route 91 de música country, con 22.000 asistentes, el domingo 1 de octubre.

El tirador tenía en su poder 42 armas, además de explosivos y cientos de municiones: 23 en la habitación del hotel desde donde disparó contra la multitud, el resto en su casa; algunos rifles que pueden penetrar el blindaje policial y 12 modificadas con un aditamento (‘bump-stock’) para convertirlas en automáticas y hacerlas capaces de disparar hasta 300 balas por minuto sin tener que despegar el dedo del gatillo. Otro factor que hizo más letal esta tragedia es que, mientras en otros estados para esas armas venden legalmente cargadores de 10 o 30 municiones, en Nevada es legal adquirir armas de asalto y cargadores de alta capacidad, algunos de los cuales pueden contener hasta 100 cartuchos de munición. Un arsenal que Stephen Paddock consiguió de manera legal.