Brasil es la cuña de EEUU en Sudamérica

Por Raúl Zibechi

Brasil está sólidamente alineado con EEUU, pero además se está convirtiendo en la espada de Washington: se permite juzgar a los gobiernos de la región, violentando las elementales normas diplomáticas y está tejiendo alianzas con los mismos países alineados con el imperio.

 

Tres datos centrales permiten llegar a esa conclusión. El primero es la reacción del presidente Jair Bolsonaro al triunfo electoral del peronismo en Argentina. El segundo es que aprovecha la coyuntura para poner en duda el futuro del Mercosur. Finalmente, en su gira por Asia y Medio Oriente consiguió tejer acuerdos con Arabia Saudí, el principal aliado de Washington en el mundo.

 

Bolsonaro dejó de lado las mínimas normas de cortesía diplomática para criticar frontalmente la elección de Alberto Fernández, al punto que se negó a felicitarlo por su victoria en primera vuelta.

Es cierto que Fernández tampoco fue diplomático, al pedir en su primer discurso, luego del triunfo del domingo 27, por la libertad de Lula, el expresidente de Brasil preso en el marco de la investigación Lava Jato. Este choque de presidentes no augura nada positivo para las relaciones bilaterales y para el Mercosur.

 

El Gobierno brasileño adoptó una actitud anormal en la región, incluso para los más conservadores. “Desde que asumió el gobierno, Jair Bolsonaro puso a Nicolás Maduro y La Habana como sus mayores enemigos en el hemisferio”, escribe el periodista Jaime Chade. Según el diario El País, el canciller envió instrucciones a sus diplomáticos para promover una reunión de las Naciones Unidas para atacar a Cuba, aún en contra de la opinión de sus diplomáticos.

 

 

​El articulista considera una profunda hipocresía que “se llame a Maduro como dictador y a Cuba como amenaza, mientras cierra los ojos para decir, con orgullo, que tiene afinidad con un príncipe saudí acusado de las peores atrocidades”, en referencia a sus excelentes relaciones con el príncipe saudí Mohamed Bin Salmam. Quizá porque el gobierno de Riad anunció inversiones por 10.000 millones de dólares en Brasil.

 

La segunda cuestión la trajo el hijo del presidente, Carlos Bolsonaro, una especie de comunicador informal del gobierno. Con una argentina peronista, dijo en un tuit, Brasil debe rever el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, apuntando a su deseo de separar a Buenos Aires de la alianza regional.

 

En este punto es necesario recordar que EEUU siempre se opuso a la integración regional sudamericana, y sólo admitió un Mercosur volcado a las relaciones comerciales, desconfiando de cualquier alianza política entre Argentina y Brasil, los únicos países que por su peso económico, político y diplomático pueden arrastrar a toda la región en una dirección determinada.

EEUU ya consiguió, desde los gobiernos de Macri y Bolsonaro, que la UNASUR fuera desactivada, pero ahora puede congratularse de que el Mercosur también atraviese dificultades. Hasta ahora las relaciones comerciales entre ambas naciones sudamericanas eran importantes. El principal mercado de las exportaciones argentinas es Brasil, relevante para la industria por la venta de autopartes, ya que el resto de sus exportaciones son commodities agrícolas sin valor agregado.

 

La tercera cuestión es que Brasil está promoviendo un viraje hacia Asia y Oriente Medio, en busca de mercados y de inversiones. El Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí desembolsará 10.000 millones dólares, un dato que fue hecho público luego del encuentro entre Bolsonaro y el príncipe heredero Bin Salman.

Entre los intereses de los sauditas figura la construcción de un ferrocarril de casi 1000 kilómetros, desde el corazón agrícola de Mato Grosso hasta Pará, en el extremo norte del país, cuyo costo oscila en los tres mil millones de dólares. En paralelo, el fondo soberano de Abu Dhabi se mostró entusiasmado por las inminentes privatizaciones en Brasil.

 

En efecto, Brasilia espera recaudar 325.000 millones de dólares en los próximos años, en las subastas previstas en pozos petroleros, puertos y aeropuertos, pero también con las privatizaciones de empresas estatales como el correo.

 

Si este plan funciona, además de un profunda desnacionalización del país, Brasil puede conseguir los fondos necesarios para superar una crisis económica que ya se arrastra cinco años, desde el comienzo del segundo Gobierno de Dilma Rousseff, en 2014. Lo hace, además, apelando a los socios estratégicos de EEUU, ya que en su visita a China se habló de mejorar las relaciones comerciales pero no se mencionaron inversiones.

 

 

La reunión Trump-Bolsonaro profundiza sus similitudes

Por MICHAEL D. SHEAR

 

WASHINGTON. The New York Time.19 de marzo de 2019— Cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, recibió a su par brasileño, Jair Bolsonaro, en la Casa Blanca este martes, fue como verse en el espejo, como le gusta a Trump.

 

Bolsonaro, al igual que otros líderes de corte autoritario a los que Trump ha acogido desde su llegada al poder, tiene similitudes con el mandatario estadounidense: un nacionalista sin filtro cuyo atractivo populista surge en parte por su uso de Twitter y su historial de hacer comentarios impulsivos sobre las mujeres, la comunidad LGBT y grupos indígenas.

 

“Dicen que es el Donald Trump de Sudamérica”, dijo Trump, maravillado, durante un discurso en enero. “¿Lo pueden creer? Y él está contento con eso. De otro modo no me gustaría tanto su país. Pero él me cae bien”.

 

 

“El comercio con Brasil va a dispararse”, dijo Trump, “y eso es algo que Brasil quiere que suceda”.

 

Los funcionarios estadounidenses indicaron antes de la reunión que al presidente estadounidense le agradó que Bolsonaro comentara durante su campaña que quería tener una relación cercana con Washington y que eso atrajo la atención de Trump.

 

En parte por las semejanzas en estilo de los dos líderes los oficiales de la Casa Blanca se dijeron optimistas de que Brasil y Estados Unidos, dos de las economías más grandes del hemisferio, trabajen en conjunto y refuercen sus vínculos comerciales y regionales.

 

La calidez mostrada durante el encuentro de los dos mandatarios también subraya cómo Trump ha socavado ciertas tradiciones de política exterior establecidas desde hace décadas por sus antecesores.

 

Desde que llegó al poder, Trump ha retado y se ha confrontado con los aliados democráticos más tradicionalmente cercanos a Washington, como Canadá, Alemania o Francia, y ha hablado con admiración sobre otrora adversarios estadounidenses.

 

Entre la lista de autócratas con los que se muestra amigable están dictadores como Kim Jong-Un, de Corea del Norte; el ruso Vladimir Putin; Xi Jinping, de China; el egipcio Abdel Fatah al Sisi; Recep Tayyip Erdogan, de Turquía, y el filipino Rodrigo Duterte.

 

Bolsonaro es el más reciente en sumarse a la lista.

 

Capitán retirado del ejército brasileño que pasó décadas como diputado, Bolsonaro saltó al plano internacional el año pasado con su triunfo en las elecciones presidenciales. Su primera aparición mundial ya como presidente fue en enero durante el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.

 

En una entrevista el 18 de enero con el canal Fox News, Bolsonaro espetó contra los medios —como lo ha hecho Trump frecuentemente— por lo que dijo eran representaciones equivocadas de sus declaraciones pasadas sobre mujeres, afrobrasileños y dichos que fueron tildados de homófobos.

 

“Si fuera todo eso, no me hubieran elegido presidente”, dijo Bolsonaro a Shannon Bream, de Fox News. “Entonces claro que hay muchas noticias falsas por doquier; la población brasileña ya aprendió a usar redes sociales y no confía o cree en los medios masivos de Brasil, que son dominados por la izquierda”.

 

Bolsonaro insistió: “No tengo nada contra los homosexuales o las mujeres, no soy xenófobo”. Aunque añadió que: “Quiero tener mi casa en orden. La definición de la familia, a mi parecer, es solo una. Como lo define la Biblia si entablas, dígase, una relación con alguien del mismo sexo, pues adelante, pero no podemos permitir al gobierno llevar esas intenciones a un aula de clases y enseñarles sobre eso a niños estudiantes que tienen 5 años”.

 

Uno de los temas a discusión en la reunión de Trump y Bolsonaro fue el futuro de Venezuela. “Discutimos muchas de las prioridades mutuas, incluyendo Venezuela. Brasil ha sido un líder extraordinario al apoyar los esfuerzos del pueblo venezolano de reclamar su democracia”, dijo Trump. El presidente estadounidense agradeció al gobierno brasileño por proveer ayuda humanitaria a la oposición de Venezuela y por dar su respaldo, al igual que Estados Unidos, a Juan Guaidó, quien se juramentó presidente encargado en enero.

 

 

FOTO LEYENDA)

Un apretón de manos del presidente de EEUU, Donald Trump, y su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro. © AFP 2019 / Brendan Smialowski

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