Servindi, 14 de febrero, 2021.- Cuba, el peque√Īo pa√≠s ubicado en una isla caribe√Īa, desarrolla cuatro vacunas contra el COVID-19. La m√°s avanzada, Soberana II iniciar√° sus ensayos de fase III en marzo con 150 mil voluntarios.

El éxito de Cuba en la creación de una industria farmacéutica nacional viable demuestra los beneficios que pueden obtenerse mediante inversiones específicas y con la necesaria voluntad política.

Jenny Larsen, de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), explica que puede soprender que Cuba esté delante de muchos países más industrializados en la carrera por hallar una vacuna eficaz.

Sin embargo, advierte que "se trata de décadas de experiencia e inversión en los sectores biotecnológico y farmacéutico de Cuba" y así lo explica en el siguiente artículo difundido por Noticias de la ONU.

Por Jenny Larsen

ONU Noticias, 13 de febrero, 2021.- El gobierno cubano ha anunciado recientemente que su vacuna Soberana II contra el COVID-19 entrará pronto en la fase III de los ensayos, con lo que el país está un paso más cerca de producir la primera vacuna de América Latina contra el virus.

Lejos de ser un √©xito de la noche a la ma√Īana, la capacidad de Cuba para desarrollar una vacuna es el resultado de d√©cadas de inversi√≥n en su industria biofarmac√©utica, que en sus primeras etapas de desarrollo cont√≥ con el apoyo de la Organizaci√≥n de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).

Cuba espera inocular a toda su poblaci√≥n contra el COVID-19 con una vacuna de producci√≥n propia este a√Īo. El pa√≠s cuenta con cuatro posibles vacunas en desarrollo, la m√°s avanzada de las cuales es Soberana II que debe comenzar los ensayos de fase III en marzo con 150 000 voluntarios. Si supera este √ļltimo obst√°culo cl√≠nico, la vacuna cubana ser√° la primera que se desarrolle en Am√©rica Latina.

Seg√ļn el Instituto de Vacunas Finlay (IFV), con sede en La Habana, en 2021 podr√≠an suministrarse 100 millones de dosis tanto para uso nacional como para la exportaci√≥n. Cuba ha firmado un acuerdo para realizar ensayos cl√≠nicos en Ir√°n en colaboraci√≥n con el Instituto Pasteur del pa√≠s, mientras que Jamaica, Vietnam y Venezuela, entre otros, han expresado su inter√©s en obtener la vacuna una vez que supere las pruebas de seguridad y eficacia necesarias.

A medida que aumentan las disputas internacionales sobre la distribución equitativa, en medio de acusaciones de que los países ricos están acaparando los suministros, una distribución exitosa de Soberana II podría proporcionar un potencial salvavidas a los países en desarrollo que buscan inmunizar a sus poblaciones contra el COVID-19.

Que la peque√Īa isla caribe√Īa est√© por delante de muchos pa√≠ses m√°s desarrollados en la carrera por encontrar una vacuna eficaz puede parecer sorprendente. Sin embargo, d√©cadas de experiencia e inversi√≥n en los sectores biotecnol√≥gico y farmac√©utico de Cuba, que en sus primeras etapas cont√≥ con el apoyo de la Organizaci√≥n de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial y otras organizaciones internacionales, han permitido a la industria dirigir los recursos de forma r√°pida y eficaz hacia el desarrollo de vacunas de emergencia.

Prioridad a la sanidad

En los a√Īos que siguieron a la Revoluci√≥n de 1959, Cuba dio prioridad al establecimiento de un sistema sanitario de alto nivel centrado en la prevenci√≥n. El enfoque sanitario del pa√≠s era tanto una cuesti√≥n de principios socialistas como una respuesta al embargo comercial estadounidense, que a partir de 1962 bloque√≥ casi todas las importaciones procedentes de Estados Unidos, incluidos los medicamentos y otros productos esenciales.

Por ello, Cuba se propuso invertir en la formación de más médicos y creó institutos de investigación científica para apoyar el desarrollo de una industria biofarmacéutica nacional que satisficiera las necesidades de su sistema sanitario.

Por ejemplo, desde mediados de la década de 1960, el gobierno invirtió cada vez más en infraestructura científica, incluyendo la creación en 1965 del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), que ayudó a formar a muchos científicos e ingenieros a lo largo de las décadas de 1960 y 1970.

En el marco de la producción de sus propios medicamentos, a finales de la década de 1970 el gobierno cubano solicitó la ayuda de la ONUDI para construir una planta de producción de productos farmacéuticos.

El proyecto de la ONUDI contó con la experiencia de una empresa india, Sarabhai Chemicals, para establecer la primera planta de síntesis química de Cuba para la producción de productos farmacéuticos genéricos.

La planta, Empresa Farmac√©utica 8 de Marzo, fue dise√Īada por expertos de la ONUDI, equipada con tecnolog√≠a india, y financiada con aportaciones de la India y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, lo que constituy√≥ un ejemplo temprano de cooperaci√≥n Sur-Sur y triangular.

Exportación a más de 50 países

La introducci√≥n de tecnolog√≠a piloto avanzada para la producci√≥n de compuestos farmac√©uticos y la formaci√≥n impartida a numerosos expertos cubanos crearon las condiciones para la ampliaci√≥n de la producci√≥n de medicamentos gen√©ricos en los a√Īos siguientes, contribuyendo a crear nuevos puestos de trabajo que fueron desempe√Īados por qu√≠micos e ingenieros cubanos cada vez m√°s cualificados, incluyendo muchas mujeres.

En la actualidad, la Empresa Farmacéutica 8 de Marzo está afiliada al Grupo Empresarial de Industrias Biotecnológicas y Farmacéuticas, de propiedad estatal, conocido como BioCubaFarma. El Grupo alberga más de 30 empresas e institutos de fabricación que, en conjunto, producen más de la mitad de los medicamentos esenciales del país, además de exportar medicamentos a más de 50 países.

El interés temprano de Cuba por la salud, la investigación médica y la ciencia también la situó en una buena posición para aprovechar los avances de la ingeniería genética que condujeron al rápido crecimiento de la biotecnología en la década de 1980.

El gobierno se volc√≥ de lleno en el sector, espoleado por la necesidad de hacer frente a los recurrentes brotes de enfermedades, incluida la presencia generalizada de la meningitis B. En 1986 abri√≥ el Centro de Ingenier√≠a Gen√©tica y Biotecnolog√≠a (CIGB), que en las √ļltimas d√©cadas ha sido responsable del desarrollo de una serie de medicamentos y vacunas, sobre todo en el tratamiento de c√°ncer, enfermedades cardiovasculares, meningitis y hepatitis.

Producción de la vacuna contra la hepatitis B

La ONUDI se involucró de nuevo a mediados de la década de 1980 a petición del gobierno cubano para ayudar a crear la versión propia del país de una vacuna genérica contra la hepatitis B. Cuba empleó a expertos nacionales altamente capacitados para llevar a cabo este proyecto técnicamente exigente, con la ayuda de especialistas de la ONUDI que ayudaron a capacitar al personal en llevar la vacuna desde la fase de laboratorio hasta la producción a escala industrial, además de brindar asesoramiento en aspectos de control de calidad y normas internacionales.

Tras una considerable inversi√≥n del gobierno cubano, la producci√≥n se puso en marcha y la vacuna comenz√≥ a utilizarse a principios de los a√Īos 1990. Posteriormente se incluy√≥ en el registro de vacunas aprobadas de la Organizaci√≥n Mundial de la Salud.

Tras el √©xito de este proyecto, Cuba recurri√≥ a la ONUDI a mediados de los a√Īos 1990 para que ayudara a ampliar la producci√≥n del medicamento anticancer√≠geno CIMAher (nimotuzumab), un "anticuerpo monoclonal" humanizado dise√Īado en el Centro de Inmunolog√≠a Molecular (CIM) para tratar los tumores de cabeza y cuello, as√≠ como otros tipos avanzados de c√°ncer.

Este proyecto era técnicamente más complejo en términos de producción que el anterior, pero se pudo utilizar personal que ya había recibido formación sobre métodos de producción durante el proyecto de la vacuna contra la hepatitis B.

El nuevo tratamiento contra el cáncer tuvo éxito y se produjo a escala industrial en el CIM, algo que fue posible gracias a la fuerte inversión en el sector de la biotecnología en la década de 1990, a pesar de los severos recortes en otros ámbitos de la difícil economía cubana. Este sigue siendo uno de los tratamientos contra el cáncer producidos en el país que todavía se utilizan.

El alto nivel de integración del sector y la trayectoria previa en el desarrollo de vacunas significó que la capacidad técnica estaba presente para permitir a Cuba avanzar rápidamente en una solución para el COVID-19.

Por ejemplo, la decisión de buscar un tipo de vacuna de subunidad proteica, que crea una proteína biosintética para desencadenar una respuesta inmunitaria, resultó más sencilla por los conocimientos adquiridos al utilizar el mismo tipo de plataforma tecnológica para desarrollar la vacuna cubana contra la meningitis B y una vacuna recombinante contra la hepatitis B.

El apoyo de la agencia de la ONU a otros países

Ahora, m√°s de 40 a√Īos despu√©s de la puesta en marcha de su primer proyecto en el sector farmac√©utico cubano, la ONUDI sigue ofreciendo apoyo al sector. En 2020, la organizaci√≥n se asoci√≥ con el Gobierno esloveno en una iniciativa eslovena-cubana para desarrollar un modelo de negocio que vincule la innovaci√≥n en los sectores de la biofarmacia, la medicina y las nanotecnolog√≠as en un esfuerzo por avanzar en las tecnolog√≠as de la Cuarta Revoluci√≥n Industrial.

El proyecto, que se lleva a cabo en cooperación con el Fondo Empresarial de Eslovenia y pretende servir de modelo para una mayor cooperación interregional, utiliza el intercambio de conocimientos y la transferencia de competencias técnicas para apoyar la innovación y mejorar el marco normativo de la biofarmacia para impulsar la competitividad.

El éxito de Cuba en la creación de una industria farmacéutica nacional viable demuestra los beneficios que pueden obtenerse mediante inversiones específicas y con la necesaria voluntad política. Organizaciones como ONUDI llevan mucho tiempo abogando por un mayor desarrollo de capacidades industriales en los países en desarrollo. Ahora más que nunca, la crisis derivada de la pandemia de COVID-19 demuestra el por qué es vital invertir en el desarrollo de capacidades de investigación y desarrollo y para la producción local.

La incapacidad para desarrollar y fabricar vacunas y otros tratamientos m√©dicos, localmente, acent√ļa el riesgo para los pa√≠ses m√°s pobres de quedarse al final de la fila mientras los pa√≠ses ricos se disputan la mejor parte. De acuerdo con un informe reciente de la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU), los pa√≠ses de ingresos medios no podr√°n vacunar al grueso de su poblaci√≥n sino hasta finales de 2022 o principios de 2023. De hecho, para los pa√≠ses m√°s pobres la inmunizaci√≥n masiva podr√≠a tardar hasta 2024, si es que ocurre.

El impulso de Cuba para construir una industria biofarmac√©utica integrada y respaldada por el Estado surgi√≥ en parte de emergencias pasadas. ¬ŅSer√° que hay algunas lecciones valiosas que aprender de la experiencia del pa√≠s para muchas naciones en desarrollo que luchan por obtener acceso a las vacunas durante la actual crisis de COVID-19?

Fuente: Noticias de la ONU: https://news.un.org/es/story/2021/02/1487992

(foto leyenda)

Cuba cuenta con décadas de experiencia e inversión en los sectores biotecnológico y farmacéutico. Foto: Eviel Ramos

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