Las ideas de De Soto son importantes y deben discutirse, pero creer que son la causa y explicaci贸n
de grandes fen贸menos sociales es indefendible, por decir lo menos.
Por Eduardo Dargent.

Al listado de logros que se atribuye Hernando de Soto, recientemente algunos han intentado
asignarle un supuesto aporte decisivo a la pacificaci贸n peruana tras los a帽os de violencia pol铆tica.
驴Cu谩nto de cierto hay en esta historia? Aqu铆 el primer art铆culo del especial El Misterio de Soto,
publicado en PODER (Edici贸n N掳 64, Junio 2014)

Una vi帽eta brillante de Mafalda es aquella en la que Miguelito se帽ala a gritos que, gracias a su
abuelo, 茅l sabe que le debemos a Mussolini la llegada del hombre a la Luna. El razonamiento es
simple: Hitler aprendi贸 del fascismo italiano de Il Duce; los cient铆ficos alemanes desarrollaron un
programa de cohetes; los estadounidenses usaron a esos cient铆ficos despu茅s de la guerra para su
programa espacial. En conclusi贸n, sin Mussolini, Armstrong no habr铆a pisado la Luna. El orden de
eventos en el tiempo se encadena, sin mayor explicaci贸n l贸gica, para llegar a una conclusi贸n
absurda.

Ciencia social al estilo 鈥渁buelo de Miguelito鈥 es lo que han hecho Hernando de Soto y el ILD, con el
apoyo entusiasta de El Dominical (11/5/2014) de El Comercio, al atribuirse la derrota de Sendero
Luminoso. Ya un art铆culo en el mismo diario (30/3/2014), titulado 鈥淟a nueva clase media naci贸 en
Ayacucho鈥, anunciaba el inicio de una nueva narrativa sobre la violencia. Pero la cereza en el pastel
ha sido la edici贸n de El Dominical. All铆 nos enteramos de que las reformas impulsadas por el ILD para
dar reconocimiento legal a comunidades campesinas y a los comit茅s de defensa antisubversiva, as铆
como las reformas para conceder derechos de propiedad a millones de informales, fueron lo que
permiti贸 arrinconar a Sendero y derrotarlo. Adem谩s, nos dicen, estas leyes hicieron a la sociedad
m谩s receptiva a las reformas de mercado, lo que permiti贸 implementar el shock econ贸mico de 1990
sin oposici贸n. La historia completa la pueden consultar en el suplemento, pero la moraleja es clara:
sin Hernando de Soto, Sendero seguir铆a vivo, y el Per煤, atrapado en el primer Alanismo por siempre
jam谩s. Hasta ahora ha sido un h茅roe discreto, pero hoy nos presenta su gesta: 鈥淓sta es una historia
no contada鈥. Y es en parte cierto, pues a ning煤n investigador serio que haya escrito sobre el tema se
le hab铆a ocurrido antes.

Este intento de reescribir la historia constituye el mayor papel贸n que recuerde en un acad茅mico. Por
absurdo que suene, creo necesario tomarlo en serio. El riesgo es grande, pues no ser铆a la primera vez
que una historia falsa se convierte en verdad compartida, especialmente si ya goza del padrinazgo
entusiasta del diario de mayor circulaci贸n en el pa铆s. Sin duda, De Soto tuvo cosas importantes que
decir sobre el Per煤 de los ochenta, como explico m谩s abajo. Pero vincular esas reformas con la

pacificaci贸n es dar un salto l贸gico injustificable. Antes de explicar por qu茅, perm铆tanme detallar de
d贸nde viene esta extra帽a necesidad de atar la derrota de Sendero a los derechos de propiedad.

El t茅rmino se refiere a quienes tienen una rutina, una obra, una idea que los hace conocidos y por la
que ser谩n recordados. Una, y solo una. La frase no tiene necesariamente una connotaci贸n ir贸nica: la
falta de repertorio no significa fracaso, pues esa 煤nica idea puede ser buena. Hernando de Soto es
un ejemplo acad茅mico de este tipo de individuo. Desde que publicara (en coautor铆a) El otro sendero,
su nombre se asocia a los derechos de propiedad. Lo que vino despu茅s en El misterio del capital y en
diversas conferencias fue m谩s de lo mismo, una nueva vuelta de tuerca a sus ideas centrales.
Derechos de propiedad, una y otra vez.

Podemos discrepar o coincidir con sus ideas, pero es imposible negar que con ese repertorio De Soto
se convirti贸 en el peruano que m谩s impacto internacional ha tenido en el campo del desarrollo. 驴Por
qu茅? Por un lado, porque present贸 una idea contraintuitiva: a pesar de las apariencias, existe
riqueza en las sociedades pobres. Para descubrirla y hacerla crecer, hay que reconocer y garantizar
derechos de propiedad, dar certidumbre a los intercambios de individuos que ya est谩n luchando con
u帽as y dientes por alcanzar mejores vidas. Gracias a este reconocimiento, la mera posesi贸n pasar谩 a
ser propiedad, liberando fuerzas creativas que contribuir谩n al desarrollo. Un discurso atractivo para
quienes ve铆an a Estados depredadores y burocracias corruptas parasitar a sus ciudadanos. Adem谩s,
el discurso ven铆a con una receta: simplificar los tr谩mites para reconocer estos derechos y reforzar las
organizaciones estatales encargadas de garantizarlos.

El otro sendero fue debatido ampliamente en la academia, pero no porque la mayor铆a de sus
lectores estuvieran de acuerdo con su contenido. Por el contrario, estas ideas claras y simples
serv铆an para tender la mesa y pasar a muy duras cr铆ticas tanto del diagn贸stico como de su receta de
soluci贸n. Para empezar, la diferencia entre formalidad e informalidad planteada en la teor铆a es
exagerada: en muchas sociedades ya existen diversos mecanismos para garantizar la propiedad que
son distintos del reconocimiento legal, del registro y de la regularizaci贸n jur铆dica de aquella; por esta
raz贸n, los pobres no obtienen tanto valor al reconocerse legalmente sus derechos: su informalidad
ya tiene valor de mercado. El registro legal es una forma de seguridad, pero no la 煤nica. Richard
Webb y su equipo de investigadores analizaron la propiedad informal en el caso peruano y
concluyeron, precisamente, que existen diversos escalones entre el registro formal y la total
informalidad.

Adem谩s, la receta de soluci贸n suena simple, pero es dif铆cil de implementar y hasta ingenua en su
promesa. La consecuencia l贸gica del diagn贸stico es que necesitamos un Estado m谩s fuerte para
poder agilizar y garantizar esos derechos de propiedad (y no el desmembramiento del Estado para
que no estorbe, como suelen leer en el libro los libertarios locales). Esto es, mejores burocracias, con
llegada al territorio y fuerza para ejecutar sus decisiones. Un Estado capaz de domar la informalidad,
no solo de celebrarla. Pero en toda sociedad hay poderosas fuerzas que se oponen a cambios que
modificar谩n el control de los recursos. Los ganadores del statu quo sabotear谩n reformas que
cambien las reglas de propiedad y fortalezcan la burocracia. Las instituciones son, en buena medida,

imagen de un contexto econ贸mico y pol铆tico, determinadas por el poder real en una sociedad, por lo
que es muy dif铆cil para un equipo de sabios cambiarlas a voluntad.

Estas cr铆ticas hicieron mella en el lustre de El otro sendero. Fue perdiendo atractivo en c铆rculos
acad茅micos, donde las discusiones sobre las instituciones, como los trabajos de Douglass North,
Francis Fukuyama o, m谩s recientemente, Daron Acemoglu y James Robinson, se concentraron en
entender las resistencias y condiciones adversas para que nazcan instituciones saludables. Un
aspecto, por lo dem谩s, que ya conoc铆an muy bien viejos te贸ricos del desarrollo, de la sociolog铆a y de
la econom铆a pol铆tica como Albert Hirschman. Esta p茅rdida de atenci贸n acad茅mica, sin embargo, no
implica p茅rdida de influencia. Los m煤ltiples proyectos del ILD en pa铆ses en desarrollo muestran que
De Soto y su instituto han sido capaces de mantener viva su agenda. Cada cierto tiempo emerge con
una nueva explicaci贸n para un evento o una soluci贸n a un problema basada en (隆sorpresa!) los
derechos de propiedad: los atentados contra las Torres Gemelas, la captura de Bin Laden, los
sucesos de Bagua, la Primavera 脕rabe, la crisis financiera internacional. Pero, a nivel acad茅mico, la
teor铆a y la receta, sin duda, han perdido novedad.

Desde hace unos meses, sin embargo, De Soto nos sorprende con una historia que le permite
recuperar posiciones, aunque sea en el 谩mbito local: 茅l y el ILD nos salvaron de Sendero Luminoso, y
a ellos les debemos la pacificaci贸n. Y claro, como no pod铆a ser de otra manera, la clave de todo esto
son鈥 s铆, adivin贸: los derechos de propiedad.

El h茅roe discreto

Como profesor de ciencias sociales, intento mostrar a mis alumnos lo dif铆cil que es establecer
explicaciones causales, relaciones entre causas y efectos. Dos de los principales problemas que se
oponen a la buena teor铆a son la tendencia que tenemos a simplificar las cosas y el deseo de que
nuestras creencias e ideas se prueben ciertas. Estas tendencias llevan com煤nmente a una mala
ciencia social, haci茅ndonos seleccionar la evidencia que nos conviene y rechazar o minimizar el
efecto de todo aquello que se le opone.

Eso es lo que encontramos en aquella edici贸n de El Dominical. Ah铆, la l铆nea de tiempo que recoge a
los muertos del conflicto en zonas rurales y urbanas es salpicada con hechos en los que aparece el
ILD para concluir que las reformas a los derechos de propiedad determinaron los giros de la guerra y
el final de Sendero Luminoso. No tengo espacio para se帽alar todas las inconsistencias del especial
dominical; ya Gustavo Gorriti ha apuntado c贸mo simplifican en extremo el tema de las rondas
campesinas. Pero s铆 quiero se帽alar cuatro de esas inconsistencias que me permitir谩n de hoy en
adelante usar esta edici贸n de El Dominical para mostrar a mis alumnos por qu茅 De Soto y su think
tank hacen todo lo contrario de lo que, como acad茅micos, se espera de ellos.

Primero, en la versi贸n presentada no existen otros factores que expliquen el resultado, factores que,
en mi opini贸n, son mucho m谩s importantes que las reformas mencionadas, y a los que solo se alude

como una consecuencia, un derivado, de su historia. No se menciona el cambio de estrategia militar
de fines de los ochenta, que acerc贸 a los militares a la poblaci贸n y que modific贸 las t谩cticas
antisubversivas adoptadas hasta entonces. Tampoco se se帽ala que el ej茅rcito ya coordinaba con las
rondas desde antes de su reconocimiento formal. No se dice nada sobre el papel jugado por la
inteligencia policial. Esta es una historia con una sola causa; las dem谩s, mucho m谩s plausibles para
explicar el desenlace, son invisibles.

Segundo, es absurdo se帽alar que la raz贸n por la que las personas se opusieron a Sendero es
principalmente por ser propietarios. Una explicaci贸n m谩s intuitiva pasa por se帽alar lo obvio: las
personas se defienden cuando las quieren matar o esclavizar. Campesinos y microbuseros se
opusieron a Sendero, como se帽ala el suplemento dominical, pero no principalmente en defensa de
su propiedad, sino en defensa de sus vidas. Y si se trata de propiedad campesina, 驴por qu茅 es m谩s
relevante el reconocimiento al que apela De Soto en los a帽os ochenta que, digamos, la reforma
agraria u otras reformas que ya hab铆an garantizado la propiedad de comunidades campesinas?

Tercero, en un pa铆s en el que la ley tiene un efecto limitado debido a la debilidad estatal, atribuir
fen贸menos sociales a las normas es ingenuo. La informalidad crec铆a en esos a帽os, y es m谩s que
probable que estos informales se hubiesen comportado de igual manera con o sin reformas del ILD.
Esos grupos informales ya estaban all铆; sus conductas pol铆ticas y econ贸micas, tambi茅n. El
reconocimiento puede haber tenido otros efectos positivos, sin duda, pero considerar que el registro
legal marc贸 la relaci贸n antag贸nica con Sendero no resulta veros铆mil. La sociedad no era compatible
con las recetas totalitarias de Sendero, pero ello trasciende las reformas del ILD.

Finalmente, los eventos se tuercen con f贸rceps para darle solidez a la historia. En el mundo de
Hernando de Soto, Guzm谩n llega a Lima arrinconado por sus reformas, cuando en realidad Guzm谩n
estaba desde mucho antes en la ciudad. Contra lo se帽alado, el Estado s铆 se ali贸 con grupos ilegales
para enfrentar a Sendero antes del reconocimiento formal de las rondas. Lo hizo con las propias
rondas, como ha recordado Gustavo Gorriti. 驴Y acaso no ha escuchado De Soto hablar de la relaci贸n
del Ej茅rcito con narcotraficantes para evitar que paguen cupos a los senderistas? En el mito, las
reformas del ILD hicieron a la sociedad m谩s proclive a aceptar el shock econ贸mico. No se dice que
esa poblaci贸n vot贸 por Fujimori como el candidato que promet铆a no aplicar el shock; m谩s all谩 de sus
virtudes o defectos, el shock fue impuesto, no consensuado con la sociedad. Tampoco se dice que en
otros pa铆ses con similares niveles de crisis, como Argentina, la poblaci贸n tambi茅n acept贸 las
reformas como salida a una situaci贸n extrema.

Por todo ello, esta es una mala explicaci贸n. Las virtudes de las recetas del ILD y de De Soto pueden
debatirse, as铆 como sus contribuciones puntuales a la reducci贸n de la violencia. El reto ideol贸gico de
El otro sendero al Sendero genocida, que le vali贸 a Hernando De Soto un intento de asesinato,
deber铆a ser m谩s discutido de lo que ha sido hasta ahora. Y, por supuesto, tambi茅n debe discutirse
m谩s su lectura de la informalidad urbana en el Per煤, pues cuestion贸 interpretaciones acad茅micas
que la entend铆an en forma excesivamente rom谩ntica y comunal. El libro de Hernando de Soto
desentumeci贸 la conversaci贸n. Pero reclamar la derrota de Sendero es indefendible.

Manipulaci贸n con muertos

No tengo idea de con qu茅 intenci贸n se ha armado toda esta historia, y me cuesta creer que alguien
serio se la crea. Pero s铆 s茅 bien por qu茅 me molest贸 leer esa edici贸n de El Dominical: lo que se
presenta como una gesta de gloria se construye sobre muchos muertos, sobre las tragedias de
muchos h茅roes y villanos (a veces compartiendo roles), sobre las vidas de campesinos que, por
oponerse a Sendero, fueron masacrados a machetazos, las de soldados que dieron su vida luchando
contra un movimiento totalitario y genocida, y las de otros que cometieron atrocidades contra
quienes deb铆an defender. Esto es una tragedia, no una gesta; es algo que el pa铆s debe procesar
desde diversas miradas, algo cuyas causas, y tambi茅n sus legados, todav铆a son confusos. No es una
historia para un protagonista. Que venga un se帽or a explicarnos que el gran h茅roe discreto de la
derrota de Sendero fue 茅l no solo es pomposo, egoc茅ntrico y simplista: es indolente.

Fuente: Revista Poder
Revista mensual de econom铆a, negocios y cultura. Twitter: @poderperu
(Foto leyenda)
Hernando de Soto. Candidato a la presidencia 2021. Reclamando su reconocimiento como
vencedor exclusivo de Sendero Luminoso sin reconocer el trabajo y sacrifico de las FFAA y del
Servicio de Inteligencia de la Guardia Civil, que con escasos recursos ni apoyo oficial del gobierno
de Fujimori, atrap贸 finalmente al terrorista Abimael Guzman y a su c煤pula.

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