La mutación política en Colombia, la esperanza de "los nadie" y el impacto en América Latina: las consecuencias del histórico triunfo de Petro

Por Cecilia González

:20 jun 2022

La vicepresidenta electa, Francia Márquez, fue un factor clave para la victoria.

La mutación política en Colombia, la esperanza de "los nadie" y el impacto en América Latina: las consecuencias del histórico triunfo de Petro
Gustavo Petro y Francia Márquez, presidente y vicepresidenta electos en Colombia.Guillermo Legaria / Gettyimages.ru

"Esto es por nuestras abuelas y abuelos, las mujeres, los jóvenes, las personas LGTBIQ+, los indígenas, los campesinos, los trabajadores, las víctimas, mi pueblo negro, los que resistieron y los que ya no están... Por toda Colombia. ¡Hoy empezamos a escribir una nueva historia!", escribió Francia Márquez un rato después de que se confirmara el triunfo del Pacto Histórico que convertirá a Gustavo Petro en presidente y a ella, en vicepresidenta.

El mensaje resumió a los sectores de la población ignorados, vilipendiados durante décadas por una clase política colombiana que se regodeó en la corrupción y en el fortalecimiento de élites y que jamás solucionó los problemas reales, cotidianos de la ciudadanía. Los "nadie" de los que tanto hablaron Petro y Márquez durante la campaña.

Fueron ellos los que salieron a votar en masa, algunos en mulas, algunos en canoas, con la esperanza de que esta victoria marque el inicio del proceso de justicia social que sigue pendiente en toda América Latina.

Por eso las lágrimas, las sonrisas, los abrazos, los bailes colectivos a ritmo de cumbia, los fuegos artificiales, las guitarreadas, los desfiles de taxistas y motoqueros que la noche del domingo poblaron todas las ciudades de Colombia. En las calles, en los barrios, celebraban los resultados de un proceso que, más allá de lo que logre (o no) la gestión de Petro, ya es trascendental porque modifica por completo el mapa de la política del país sudamericano.

Parecía que la derecha gobernaría para siempre Colombia, el máximo aliado de EE.UU. en la región. El país que tuvo la guerra interna más larga del Continente. En donde la violencia persiste más allá de los acuerdos de paz con la guerrilla, con récord de líderes sociales asesinados, con el narcotráfico consolidado desde hace décadas como el negocio multimillonario e ilegal que ha permeado todas las capas de la sociedad.

Pero el poderío de "la casta" gobernante, como la bautizó Petro, comenzó a resquebrajarse en 2019, durante un primer estallido social que se registró a la par del que ocurría en Chile y que demostraba que el hartazgo social estaba llegando al límite. Las manifestaciones contra el presidente Iván Duque en particular, y contra el neoliberalismo en general, se repitieron en 2021. Nunca antes la movilización popular en Colombia había mostrado convocatorias tan masivas.

Cambios

La respuesta del Gobierno, como suele ocurrir, fue la represión a la protesta social. Las decenas de muertos, heridos y desaparecidos, la violencia étnica-racial, o basada en género y las agresiones a periodistas, fueron la norma. Lo denunciaron informes de organismos nacionales e internacionales. Ni así pudo Duque extinguir las movilizaciones. La resistencia estaba en marcha.

VIDEOS: Colombianos salen a las calles a celebrar triunfo de Gustavo Petro en las presidenciales

Por eso, por primera vez en la historia el bipartidismo conservadores-liberales quedó desplazado por completo de una contienda electoral que protagonizaron dos nuevas coaliciones: por la izquierda, el Pacto Histórico encabezado por Petro, el perseverante exalcalde de Bogotá que, al igual que el mexicano López Obrador, ganó en su tercera postulación presidencial; y por la derecha, la Liga de Gobernantes Anticorrupción creada por el millonario empresario Adolfo Hernández, por quien nadie apostaba nada cuando se registró como candidato.

El uribismo, la corriente del expresidente Álvaro Uribe que parecía omnipresente en la política colombiana, quedó desdibujado.

Antes del estallido social, también se veía lejana la posibilidad de que la izquierda se abroquelara como nunca antes y ganara la presidencia; que dos mujeres afrocolombianas aparecieran en las boletas como candidatas a la vicepresidencia; que el racismo, los feminismos y las diversidades sexuales fueran temas de campaña en uno de los países más conservadores del Continente.

Y sin embargo, todo ello ocurrió para sorpresa de las élites a las que de nada sirvió volver a utilizar la crisis venezolana para diseminar la campaña del miedo basada en que "Colombia se va a convertir en Venezuela", el latiguillo que ya han explotado sin éxito en elecciones en México, Argentina, Bolivia, Honduras, Perú y Chile.

De nada valió, tampoco, la feroz campaña mediática en contra de Petro y que tuvo una de sus máximas expresiones en la portada de la revista Semana que, en su edición previa a la segunda vuelta, preguntó si había que elegir a "un ingeniero" (Hernández) o a "un exguerrillero" (Petro).

Más del 50 % de la población eligió al segundo.

El próximo 7 de agosto, Petro recibirá la banda presidencial en un momento en que las izquierdas y los progresismos acumulan victorias que han desembocado en procesos disímiles e, incluso, contradictorios.

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